13 de agosto de 2006

Tiempo al Tiempo

Este relato, lo escribí hace un tiempo ya. Para los que no estén familiarizados con el ambiente, está basado en un personaje del Mundo de Tinieblas, de White Wolf.


Tiempo al Tiempo.

Dicho popular

La noche es oscura en tan luminosa ciudad. Camino sin rumbo, recitando para mis adentros líneas que nunca he de escribir. Incluso pienso en como me habrá llegado la idea... ¿será de otro? Hace mucho que perdí esa ingeniosidad de la juventud. Me dejo llevar. Oigo una voz. Escucho mi respuesta como si no fuera mía... me está pasando muy seguido, dicen, es el efecto de ciertos estimulantes, sin embargo no he tomado tan siquiera una suave comida. ¿Me piden la hora? Viven pendiente de ella. No, es la excusa, pretenden quitarme lo que no llevo. Se enfurece, no consigue lo que quiere...¿se ha ido? No, sigue allí, pero no grita, no escupe su vida en mi cuerpo. Creo que lo llevaré de compañía, hablar solo es de locos. ¿En que estaba? Ah, si, en estás líneas que no voy a escribir. Tantas veces he escrito en mi mente que no sé si llevará marcadas las palabras de otros tantos monólogos de un solo oyente.

Soy viejo. Muy viejo, y me estoy aburriendo. No se como contar cuanto llevo caminando por distintos caminos. Cada vez duermo más... antes lo evité y otras sucumbí. Recorro siempre los mismos lugares, cuestión de hábito. No hay nada en especial, nada que me lleve a dar vueltas y vueltas sin sentido, hablando conmigo mismo. Pero no voy solo. Este cuerpo es hogar de muchos otros. Les aseguro que no querrán conocer a ninguno de los demás. Con uno llegué a una tregua, una simbiosis se podría llamar, con el otro...

Divago, eso es lo que pasa, divago incesantemente con aburridas teorías, causas y efectos, conspiraciones, aventuras, escritos y estudios, vivos, muertos y no tan muertos. Voy de un lado al otro sin moverme de sitio. Sé que me buscan, o buscan lo que soy, a mí, precisamente, no me busca nadie.

Siempre pienso en escribir todo esto que ahora escribo en mi mente. Nunca lo hago. Es como el humo de un fuego... Intenso al inicio, apasionado y luego, cada vez más difuso y etéreo, hasta convertirse en algo más del inmenso mar de ideas que bullen por todos sitios.

Siento el hambre, ese monstruo que me aguijonea cada jornada. ¿Monstruo? ¿Por que? Para él, tal vez sea hermoso, angelical. Fijo la mirada en algún sitio, no hay nada. Siento peso en la mano. Es aquel chico. Ya no se sacude. Siento su vivo corazón a través de la sangre que fluye por mi mano. No estoy habituado a los nuevos bolígrafos, tal vez por eso nunca escriba, ya no se consiguen las plumas de antaño.

No me percaté. Los últimos pensamientos los grabé en la sucia carne de ese ser inferior que intentaba amenazarme. Es cierto que no hice como acostumbro, la columna siempre me ha servido de margen y las costillas un cómodo renglón. Me sorprendo de mi ingenio a veces. Lo he usado a modo de cilindro. Todo su cuerpo testimonio de mis pensamientos. Y aún vive. ¿Lo habrá acallado el dolor?

Tal vez lo deje ir. Quién lo encontrará primero? Tal vez lo conserven vivo y me busquen, tal vez lo maten y me pierda para siempre.

Tengo mucho sueño. Tal vez no me levante mañana. Tal vez, duerma un mes entero o un año o un lustro o una década.

Algo me impide el paso a mi morada. Vaya, me había olvidado del cilindro... no entiendo porque piensan otros que son meros contenedores, sirven incluso como decoración.

Entro. Innumerables voces se ahogan en mis oídos. Algunas ya no están.

Gustos extraños se mezclan en mi boca, la cálida sangre del chico me inunda. Suficiente. Eh decidido dejarlo ir. Es el único testimonio que de mí hay, supongo. ¿Desapareceré si muere? ¿Me marchitaré yo, cuando se marchite su piel?

Ya se ha ido, corre como si hubiera visto un fantasma. Quizás lo haya visto, quien sabe que cosas ven los humanos cuando se despiertan sus mentes.

Hace mucho que murió la mía y dejé de ver.

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